ATACADA EN EL 2009

Me llamo Farida. Tengo 40 años y vivo en casa de mi hermana en Manikgang, Bangladesh. Mi marido era adicto a las drogas y las apuestas, perdió tanto dinero que tuvo que vender nuestra casa.

Yo estaba furiosa y le dije que lo dejaría, así que esa noche, cuando estaba dormida, me arrojó ácido y cerró la puerta con dos candados. Mi cuerpo entero empezó a arder y caí de la cama y sobre mi hijo quien dormía en el suelo. Grité tan fuerte que los vecinos vinieron corriendo. Tuvieron que romper la puerta para poder entrar. Estaba oscuro y todo lo que podían ver era una marca negra en la cama. Así que lo primero que pensaron fue que mi marido me había cortado la cabeza. Entonces mi hijo, que tenía cinco años, les dijo que me encontraba en el suelo. Esto fue hace 16 años.

 

Estuve en el hospital durante seis meses, fue insoportable. Uno de mis ojos se selló, el otro quedó completamente derretido y mi nariz desapareció, cuando comía, el arroz se salía por los agujeros de mis cachetes, tenía gangrena, y si no me bañaban y cambiaban las vendas a diario, empezaba a dar mal olor. Gritaba del dolor. Mi familia es pobre y mi padre tuvo que vender su propiedad para poder pagar mi tratamiento. Había veces que sentía que me moría de hambre. Cuando me dieron el alta del hospital y volví a casa, me quedé en la cama con la mosquitera puesta todos los días, esta situación se extendió por casi tres años. Cuando la gente venía a visitarme, se asustaban de mí. Era insoportable mirarme, quise suicidarme en dos ocasiones, pero me detuve a causa de mi hijo, su felicidad es mi felicidad, soy madre, y tengo que seguir adelante por él. Mi hijo siempre estuvo a mi lado.

 

Gracias a algunas operaciones por parte de la Fundación de Supervivientes de Ataques Ácidos de Bangladesh, ahora estoy mejor. Las contracciones y el dolor son más llevaderos, también ha mejorado mi aspecto físico, pero conocer gente sigue sin gustarme. Cuando se enteran que mi marido me arrojó acido, inmediatamente asumen que soy una mala persona. La sociedad es tan cruel, siempre señalan a la mujer. Soy una víctima, pero la sociedad me acusa de algo que nunca hice, por esto me tapo con un burka, para evitar miradas y preguntas.

 

Mi marido fue encarcelado durante doce años, cuando salió en libertad, amenazó con atacarme de nuevo, pero los vecinos me ayudaron y lo apartaron de mi. ¿Por qué los hombres nos arrojan ácidos? ¿Cuál es el problema? Si no quieren seguir viviendo con nosotras, deberían dejarnos o decirnos que nos vayamos. Podrían incluso pegarnos o rompernos una mano, la mano se curará con el tiempo. Pero lo que nos hacen es realmente inconcebible, quiero ver al menos a uno de estos criminales ahorcado en público. Se que es algo cruel, pero sacrificaríamos una vida para enseñar a los hombres y a esta nación una lección, enseñarles que es lo que les espera si hacen cosas como esta. Los atacantes se salen con la suya, el sistema judicial, el estado y la policía están de su parte, pero las víctimas como yo sufrimos y luchamos por justicia.

 

Lo he perdido todo, no solo mi cuerpo, he perdido mi dignidad, ahora dependo de otros, no puedo vivir como cualquier otro ser humano, esto ya no es vida, nadie me acepta como soy, quiero vivir con dignidad, no quiero a nadie sintiendo lástima de mi.

 

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Traducción al español por PerMondo. Proyecto dirigido por Mondo Agit. Traductor: Pablo Santana Valentin, Revisora: Mariella Fuster

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